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Sin más preámbulos

Me hallaba yo, sin más preámbulos, y evitando que la frase inicial se alargue hasta que no tenga fin, huyendo de esos infartos sintácticos llamados puntos, sentado en la terraza de un bar, esperando y esperando a que las subordinadas me proporcionaran una idea cuando, de pronto, llegó.
Tiempo ha pasaba por la carretera un Ferrari. Yo miraba de reojo, sin prestar mucha atención. Fumaba un ancho cigarrillo liado sin ganas, pues estas escaseaban tales días de enero. Captó mi interés completo cuando me sobresaltó el ruido que hacia el motor ahogado de la pobre máquina encerrada en sí misma y sufriendo las dimensiones de una calle estrecha, la cual terminaba en un semáforo colorado que lo haría decaer en revoluciones hasta detener esa locomotora imparable. El usuario de dicho vehículo, por cierta casualidad del destino, coincidió en cesar su marcha justo enfrente de la terraza y yo, pobre de mí, observé. Contemplé y pronto di con la respuesta que buscaba en la mirada furtiva de un ricach…

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